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No te pagan por cuánto trabajas. Te pagan por qué tan difícil eres de reemplazar

No te pagan por cuánto trabajas. Te pagan por qué tan difícil eres de reemplazar


Hay una frase que incomoda a muchas personas, pero que vale la pena analizar: No te pagan por el esfuerzo. Te pagan por el valor que aportas y por qué tan difícil eres de reemplazar.

 

Y antes de que alguien se moleste, no estoy diciendo que el esfuerzo no importe. Claro que importa. El esfuerzo es necesario.

 

El problema es creer que el mercado recompensa automáticamente a quien trabaja más duro, porque la realidad es otra.

 

Hay personas trabajando jornadas larguísimas, haciendo un enorme esfuerzo físico y ganando menos que alguien que trabaja desde una computadora.

 

Y aunque a veces parezca injusto, el mercado rara vez paga por cansancio. Paga por valor.

 

El error de confundir esfuerzo con valor.

Muchas veces escucho frases como:

·         "Yo trabajo más que él."

·         "Yo llevo más horas."

·         "Yo me esfuerzo mucho más."

 

Y probablemente sea cierto, pero la pregunta importante no es cuánto esfuerzo haces.

 

La pregunta es: ¿Qué tan fácil sería reemplazarte mañana? Porque ahí es donde cambia la conversación.

 

Un ejemplo sencillo.

Imagina que una empresa publica una vacante para trabajar en un almacén. Probablemente reciba muchas o cientos de solicitudes.

 

No porque ese trabajo no sea importante. Al contrario, es fundamental, pero existe una gran cantidad de personas capaces de realizarlo.

 

Ahora imagina que esa misma empresa busca a alguien que domine un conocimiento muy específico. Alguien que haya desarrollado una habilidad durante años.

Alguien capaz de resolver problemas que pocas personas saben resolver. De pronto el número de candidatos se reduce drásticamente y cuando algo es más escaso, normalmente incrementa su valor.

 

La verdadera pregunta…

no es: "¿cuánto trabajo?" Sino: “¿qué estoy haciendo para volverme más valioso?"

 

Porque el mercado recompensa cosas distintas:

·         conocimiento especializado

·         experiencia

·         capacidad para resolver problemas

·         criterio

·         resultados

 

Y desarrollar cualquiera de estas cosas suele tomar algo de tiempo (años).

 

Lo veo mucho en el sector agrícola.

Durante años he trabajado con empresas y fuerzas de ventas relacionadas con el agro y ahí hay un ejemplo muy claro.

 

Existen vendedores que se limitan a tomar pedidos. Llegan. Preguntan cuánto producto necesita el agricultor. Levantan la orden y se van.

 

Pero también existen otros vendedores muy distintos. Personas que entienden los costos de producción. Que conocen los márgenes del agricultor. Que analizan rendimientos. Que hablan de rentabilidad y no solamente de productos. Que ayudan al productor a tomar mejores decisiones.

 

En otras palabras: dejan de ser vendedores y se convierten en asesores de rentabilidad.

 

Y cuando eso sucede, algo cambia. El agricultor ya no los ve como alguien que vende semillas, fertilizantes o agroquímicos. Los ve como alguien que aporta valor a su negocio.

 

¿Quién es más difícil de reemplazar?

Pensemos en los dos perfiles. Si un vendedor únicamente toma pedidos, probablemente otro pueda hacerlo, pero cuando alguien se convierte en un asesor de confianza, la historia es distinta.

 

Porque el cliente no solamente compra el producto. También compra la experiencia, el criterio y el acompañamiento y eso es mucho más difícil de sustituir.

 

Lo mismo sucede en cualquier profesión.

Un contador puede presentar declaraciones. Otro puede ayudar a tomar mejores decisiones financieras.

 

Un consultor puede entregar un reporte. Otro puede ayudar a transformar resultados.

 

Un vendedor puede hablar de características. Otro puede ayudar a resolver problemas importantes.

 

La diferencia no está en trabajar más horas. La diferencia está en el valor que generan.

 

La mejor inversión que puedes hacer.

Mucha gente busca ganar más, pero pocas personas se preguntan cómo volverse más valiosas y normalmente el camino es el mismo:

·         Aprender.

·         Especializarse.

·         Desarrollar nuevas habilidades.

·         Entender mejor a los clientes.

·         Resolver problemas más complejos.

 

Porque cuando haces eso, ocurre algo interesante. Empiezas a competir menos por precio y más por valor.

 

La lección.

No se trata de trabajar menos. Tampoco de minimizar el esfuerzo de nadie. Se trata de entender que el esfuerzo, por sí solo, no garantiza mejores resultados.

 

Lo que realmente cambia las cosas es, la capacidad de aportar algo que pocas personas pueden aportar.

 

La próxima vez que pienses en tu crecimiento profesional, no te preguntes únicamente: “¿cómo puedo trabajar más?" Pregúntate también: "¿cómo puedo volverme más difícil de reemplazar?"

 

Porque en el largo plazo, esa suele ser una de las habilidades mejor pagadas del mercado.

 

 

¡Muchas gracias por darte la vuelta!

 

 

Si no estás 100% convencido de tus resultados de ventas y/o quieres reducir la pérdida de clientes, échame un grito, porque me encantaría ayudarte.

 

 

Daniel Rodríguez de la Vega

TED Speaker, Mystery Shopper de por vida y Fundador de CRECES

 

daniel@crecesmx.com

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