martes, 31 de enero de 2017

Lo que un jardinero me enseñó en cuanto al servicio al cliente y las ventas



Si te preguntará, ¿hubo algo nuevo que aprendiste el día de ayer? ¿Tendrías una respuesta positiva o te quedarías pensando tratando de encontrar una?

Si tienes tiempo leyéndonos, sabrás que me gusta escribir sobre cosas que aprendo, ya sea de personas o situaciones que me suceden en el día a día Es por eso que hoy, escribiré sobre las lecciones que me dejó nuestro actual jardinero.

Tenía más de dos años con la misma persona que nos ayudaba con el jardín, pero la verdad es que venía cuando le daba su gana. No era algo que nos molestara mucho, ya que nuestro jardín no es tan grande y no requería de mucha atención. Algo que si nos molestó fue, que cada vez que cortaba el jardín, se acercaba demasiado a las paredes, por lo que comenzó a dejar una marca en ellas y poco a poco fue cayéndose la pintura. Le comenté si podía parar antes de llegar la pared para no seguir maltratándola y me dijo que sí. Poco tiempo después, la pared ya lucía peor que nunca. La situación que más nos molestó, fue cuando nos dijo que buscaría acabar con una hierba que comenzó a salir en una parte del jardín. Nos propuso aplicar un producto que acabaría con ella, pero dos semanas después, vimos que se había secado por completo hasta llegar a ver pura tierra. Cuando le comenté lo que había ocurrido, me dijo que se había equivocado de producto y que le había puesto uno para secar completamente el pasto y que, por cierta cantidad de dinero, me lo dejaría mejor que como estaba. Mi respuesta fue, que lo iba a pensar.

Una semana después, vi a un jardinero que se encontraba frente a nuestra casa. Me acerqué a platicar con él e inmediatamente me dijo, “¿puedo pasar a ver el jardín que me comenta?”. Le dije que sí y en eso me contesta, “esta parte definitivamente ya no sirve, pero fíjese que en la casa detrás de usted acabo de poner un jardín y sobró un poco. El dueño me dijo que me podía quedar con lo que quedó y yo se los puedo poner a usted sin ningún costo. ¿Qué le parece?” Obviamente le dije que sí y me contestó que en el transcurso de la tarde lo instalaba. Cuando terminó su trabajo le pregunté, que si cuánto iba a ser y me dijo que nada, pero que le gustaría trabajar con mi jardín, ya que tenía muchas ideas de cómo hacer que luciera mucho, con muy poco trabajo e inversión.

Una vez a la semana viene a darse la vuelta y le da una podada a la enredadera, checa cómo va la parte restaurada y a veces, hasta echa un poco de fertilizante en áreas donde se necesite.

A pesar de que nos cobra un poco más de lo que nos cobraba el jardinero pasado, los pagamos porque los vale. El cliente, hoy en día, busca un buen trabajo, buen trato, pero sobre todo, busca sentirse valorado.

Recuerda, que el cliente no se va por el precio, sino que se va por algo mejor.

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¡Muchas gracias por darte la vuelta!


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LAE Daniel Rodríguez
Conferencista, consultor y director de CRECES

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