Muchas empresas creen que mientras su producto sea bueno, el cliente volverá y hasta cierto punto tiene lógica.
·
Si la comida está buena, regresas.
·
Si el producto funciona, regresas.
·
Si el servicio resuelve el problema,
regresas.
¿Verdad?
Pues no necesariamente, porque hay algo que muchas empresas subestiman y eso
es, que un buen producto puede generar una compra, pero una mala experiencia
puede evitar la siguiente.
Y ahí
es donde aparecen los costos ocultos de un mal servicio al cliente. Costos que
muchas veces no aparecen en ningún estado financiero, pero que afectan
directamente el crecimiento de tu negocio.
El
cliente sí regresa… pero no contigo.
Imagina
que encuentras un restaurante donde la comida es muy buena. La carne está como
la pediste, buenas porciones, un precio razonable, pero cada vez que vas:
·
tardan demasiado en atenderte
·
los meseros parecen molestos
·
hay errores en la orden
·
resolver cualquier problema es toda una
pesadilla
¿Qué
pasa? Probablemente reconozcas que la comida es buena, pero cuando alguien te
pregunte: “¿a dónde vamos a cenar?” Difícilmente será tu primera opción y ese
es uno de los costos ocultos más grandes.
El
problema no es perder clientes. El problema es dejar de ser la primera opción.
Muchas
empresas creen que perder un cliente significa que deja de comprar, pero muchas
veces no sucede así.
Lo que
pasa es peor. El cliente sigue comprando, pero cada vez piensa primero en
alguien más y cuando surge otra opción parecida, se cambia sin pensarlo
demasiado.
¿Por
qué? Porque el producto genera satisfacción, pero la experiencia genera
preferencia.
Te
comparto un caso que me pasó personalmente.
Hace
algunos años compré un carro de una marca japonesa reconocida por su calidad y
confiabilidad.
En
general, el vehículo era excelente, pero dos meses después de haberlo comprado,
le salió algo que empezó a molestarme un buen.
El
asiento del copiloto hacía un ruido constante cuando salía a carretera. No
sucedía en ciudad, sino que solamente cuando iba a velocidades más altas.
Puedes pensar que es algo sin chiste, pero cuando haces trayectos largos, un ruido
repetitivo termina siendo muy molesto.
Lo
llevé a la agencia. Me dijeron que lo revisarían y días después me entregaron
el carro asegurándome que el problema estaba resuelto, pero el ruido regresó
al día siguiente.
Volví
a llevarlo y luego otra vez y después una más. Siempre parecía arreglarse por
un momento, hasta que el problema volvía.
Después
de varios intentos, hablé con el gerente general. Le comenté que, desde mi
punto de vista, probablemente el asiento venía con algún defecto de fábrica.
Su
respuesta fue que no estaban de acuerdo y que ya no había mucho más que
pudieran hacer y ahí fue donde perdieron mi confianza.
Porque
el problema nunca fue el asiento. Tampoco el ruido. El problema fue sentir que
ya no había interés por resolver algo que para mí sí era importante.
Lo más
interesante de esta historia.
Es que
sigo pensando que esa marca fabrica excelentes carros. Nunca pensé que fuera
un mal producto, pero sí dejé de confiar en esa agencia.
Y
cuando llegó el momento de cambiar de carro, ni siquiera fue una opción que
consideré.
¿Te
das cuenta de lo que pasó? No perdieron un cliente porque el producto fuera
malo. Lo perdieron porque la experiencia posterior fue decepcionante y ese es
uno de los costos ocultos más grandes de un mal servicio al cliente.
El
segundo costo oculto: nadie te recomienda.
Aquí
es donde muchas empresas pierden oportunidades sin darse cuenta, porque un
cliente satisfecho puede volver, pero un cliente que tuvo una gran experiencia
contigo, tu gente o tu marca, te recomienda y existe una gran diferencia
entre ambas cosas.
Cuando
alguien recibe un producto de calidad y además vive una gran experiencia, es
mucho más probable que hable bien de la empresa, pero cuando el servicio falla,
sucede algo distinto.
Quizá
el cliente no publique una queja. Quizá tampoco pida una devolución. Simplemente
deja de recomendarte y eso tiene un impacto enorme.
Porque
cada recomendación que no sucede es una oportunidad de crecimiento que
desaparece en silencio.
Los
clientes recuerdan más cómo los hiciste sentir.
Muchas
empresas creen que el cliente evalúa únicamente el producto, pero no es así. Las
personas recuerdan:
·
cómo las atendieron
·
qué tan fácil fue resolver un problema
·
si sintieron interés genuino
·
si tuvieron que pelear para obtener ayuda
Y
cuando la experiencia es mala o negativa, eso suele pesar más que muchas
características del producto.
Lo
barato puede salir muy caro.
A
veces las empresas toman decisiones pensando únicamente en eficiencia o ahorro.
·
Reducen personal.
·
Complican procesos.
·
Limitan soluciones.
·
simplemente dejan de escuchar al cliente.
Quizá
eso reduce costos en el corto plazo, pero también puede generar:
·
menos recompra
·
menos recomendaciones
·
menos lealtad
·
más quejas
·
más desgaste operativo
Y todo
eso cuesta mucho más que el ahorro inicial.
El
servicio al cliente es una estrategia de crecimiento.
Muchas
empresas ven el servicio como un gasto. Algo que simplemente hay que cumplir, pero
las empresas que crecen entienden algo diferente.
Entienden
que una buena experiencia genera algo que la publicidad difícilmente puede
comprar… confianza y cuando existe confianza:
·
el cliente vuelve
·
te recomienda
·
te perdona errores ocasionales
·
y te elige incluso cuando existen otras
opciones
El
producto hace que te compren, pero la experiencia hace que te recuerden.
Y esa
diferencia es enorme, porque un gran producto puede llevar a una venta, pero un
gran servicio puede llevar a diez más.
La
próxima vez que pienses en mejorar tu negocio, no te preguntes solamente: “¿cómo
puedo mejorar mi producto?” Pregúntate también: “¿qué cosas estoy haciendo que
impiden que mis clientes me recomienden?”
Porque
muchas veces el verdadero costo de un mal servicio no es la queja que escuchas,
sino en la recomendación que nunca llegó.
¡Muchas
gracias por darte la vuelta!
Si no
estás 100% convencido de tus resultados de ventas y/o quieres reducir la
pérdida de clientes, échame un grito, porque me encantaría ayudarte.
Daniel Rodríguez de la Vega
TED Speaker, Mystery Shopper de por vida y
Fundador de CRECES
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