Hay un momento muy específico en una conversación de venta que define más de lo que crees. No es cuando presentas tu propuesta. No es cuando explicas tu servicio. Es justo antes de decir el precio. Ese segundo donde dudas. Donde suavizas. Donde sientes que “quizá es mucho”. Ese momento… se nota. El cliente no reacciona al precio. Muchos creen que el problema es el número. · “Está caro.” · “Se salió de presupuesto.” · “Lo voy a pensar.” Y sí, a veces el precio influye, pero no de la forma en la que crees. El cliente no reacciona únicamente al número. Reacciona también a cómo lo dices. El precio no entra como dato… entra como emoción. Imagínate dos escenarios. En el primero, dices: “Bueno… el costo es de 25 mil… pero podemos verlo…” En el segundo: “La inversi...
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