Cuando hablamos de negociación, casi siempre hablamos de cómo llegar a un acuerdo. Cómo argumentar una objeción. Cómo defender el precio. Cómo cerrar. Pero hay una habilidad de la que hablamos mucho menos… saber cuándo no llegar a un acuerdo. A lo largo de los años me ha tocado salirme de algunas negociaciones. No porque no quisiera vender, sino porque entendí que aceptar ciertas condiciones podía terminar costándome mucho más que perder la venta. Así que aquí te van tres situaciones que me han enseñado precisamente eso. 1.- Cuando no puedes hacerte responsable del resultado. Hace algunos años, una empresa se acercó conmigo porque quería incrementar sus ventas aproximadamente un 20%. Hasta ahí todo bien, pero cuando empezamos a hablar del proyecto, les pedí sus números de ventas de los últimos cinco años. Quería entender de dónde venían, cómo habían evolucionado y sobre todo, tener un punto de partida para saber a qué nos estábamo...
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