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La queja más cara es la que se hace por segunda vez

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Lo que un refrigerador te puede enseñar en cuanto a diferenciación

La mayoría de las empresas, cuando piensan en diferenciarse, se hacen la pregunta equivocada: ¿cómo puedo mejorar mi producto?   Y aunque suena lógica… no siempre ayuda en mucho, porque el verdadero diferencial no siempre está en lo que vendes, sino que cómo haces sentir a tus clientes.   Hace unos años me tocó visitar Londres y viví una experiencia que me recordó esto de forma muy clara.   Un conocido me dijo: “tienes que ir a este lugar. Pero no solo a comer, tienes que decir una frase.”   El lugar era The Breakfast Club y cuando entramos, parecía un buen restaurante más en Londres: luces neón, ambiente retro, mesas llenas, olor a café y hotcakes saliendo de la cocina. Todo bien. Pero yo sabía que no estábamos ahí solo por eso, así que le hablé al mesero y le dije: “I’m here to see the Mayor.”   Frunció la cara y me contestó: “follow me.”   Nos llevó hacia la cocina, se detuvo frente a un refrigerador antiguo, como de los años ...

Perdí por precio

Después de que se cae una venta, la explicación aparece casi en automático: “Perdimos por precio.”   Y casi siempre suena lógico. Si el precio hubiera sido más bajo, lo suficiente, el cliente habría dicho que sí.   Técnicamente, es cierto. Estratégicamente, es una explicación muy peligrosa.   Porque el precio es donde la decisión se manifiesta. No es donde realmente se toma.   El precio es el refugio de la duda y cuando un cliente dice “está muy caro”, rara vez está hablando solo de dinero.   Muchas veces lo que realmente quiere decir es: ·          “No estoy completamente seguro de lo que estoy comprando.” ·          “No sé si esto va a funcionar en mi contexto.” ·          “No tengo argumentos suficientes para defender esta decisión internamente.” ·          “No veo con clari...

Lo que una chamarra te puede enseñar en cuanto a diferenciación

Tu producto puede ser bueno… pero si el cliente no lo vive, solo es una promesa más.   En 1957, en Toronto, un inmigrante llamado Sam Tick fundó una pequeña empresa llamada Metro Sportswear. No comenzó pensando en moda. No comenzó pensando en posicionamiento. Comenzó fabricando abrigos funcionales para personas que trabajaban en condiciones extremas: policías, trabajadores industriales, exploradores.   Décadas después, esas prendas terminaron siendo utilizadas por científicos en la Antártida y expediciones en los climas más fríos del planeta. Es decir, la reputación de la marca no nació del marketing.   Nació del rendimiento, pero aquí viene lo interesante.   Muchas marcas con ese historial se habrían quedado contando su historia. ·          Somos resistentes. ·          Somos confiables. ·          Somos de alto desempeño. Y...