La mayoría de las empresas, cuando piensan en diferenciarse, se hacen la pregunta equivocada: ¿cómo puedo mejorar mi producto? Y aunque suena lógica… no siempre ayuda en mucho, porque el verdadero diferencial no siempre está en lo que vendes, sino que cómo haces sentir a tus clientes. Hace unos años me tocó visitar Londres y viví una experiencia que me recordó esto de forma muy clara. Un conocido me dijo: “tienes que ir a este lugar. Pero no solo a comer, tienes que decir una frase.” El lugar era The Breakfast Club y cuando entramos, parecía un buen restaurante más en Londres: luces neón, ambiente retro, mesas llenas, olor a café y hotcakes saliendo de la cocina. Todo bien. Pero yo sabía que no estábamos ahí solo por eso, así que le hablé al mesero y le dije: “I’m here to see the Mayor.” Frunció la cara y me contestó: “follow me.” Nos llevó hacia la cocina, se detuvo frente a un refrigerador antiguo, como de los años ...
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