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Deja de perseguir al cliente equivocado

Deja de perseguir al cliente equivocado


Imagínate grabar dos discos, tener productores que confían en tu talento y estar convencido de que tu carrera musical está por despegar.

 

Pero los discos no se venden. Las oportunidades desaparecen y terminas abandonando la música para trabajar en la construcción.

 

Eso fue lo que le sucedió a Sixto Rodríguez, un cantante estadounidense de origen mexicano que, a principios de los años setenta, grabó dos discos que prácticamente pasaron desapercibidos en Estados Unidos.

 

Lo que Rodríguez no sabía era que, a miles de kilómetros de distancia estaba sucediendo algo extraordinario.

 

Era toda una estrella y él no lo sabía.

Mientras Rodríguez trabajaba en Detroit, su música se había convertido en un fenómeno en Sudáfrica.

 

Sus canciones eran escuchadas por miles de personas y algunas se habían convertido en símbolos de inconformidad durante el apartheid, un sistema de segregación racial que existió en Sudáfrica durante décadas y que limitaba los derechos de la población negra.

 

Era tan popular que muchos lo consideraban una leyenda. Incluso circulaban rumores de que había muerto, pero Rodríguez no tenía idea de lo que estaba sucediendo.

 

Años después, dos fans sudafricanos empezaron a investigar qué había pasado con aquel misterioso cantante y descubrieron que seguía vivo.

 

En 1998, Rodríguez viajó a Sudáfrica y se encontró con algo que jamás hubiera imaginado, miles de personas esperándolo para verlo cantar.

 

Su historia quedó plasmada en un gran documental “Searching for Sugar Man”, el cual ganó el Óscar en 2013.

 

Y aunque Rodríguez también había tenido cierto reconocimiento en Australia, el contraste entre su escaso éxito en Estados Unidos y su enorme popularidad en Sudáfrica deja una lección que va mucho más allá de la música.

 

El mismo artista, diferente público.

Hay algo de esta historia que me parece increíble.

 

Rodríguez no cambió su voz. No modificó sus canciones. No tuvo que convertirse en otro artista. Era exactamente el mismo músico que había pasado desapercibido en Estados Unidos.

 

Entonces, ¿qué cambió? Las personas que lo escuchaban.

 

Mientras en un mercado su música no consiguió conectar comercialmente hablando, en otro encontró personas que lo valoraban y mucho.

 

Y esto me hizo pensar en algo que sucede constantemente en los negocios. Que alguien no valore lo que haces, no significa que lo que haces no tenga valor.

 

A lo mejor estás intentando venderle a las personas equivocadas.

He visto empresas que, después de perder algunas oportunidades de venta, comienzan automáticamente a cuestionar sus precios.

 

Piensan que están demasiado caros, que necesitan ofrecer más beneficios o que deben modificar su propuesta para parecerse a la competencia.

 

Pero pocas veces se preguntan algo mucho más importante: ¿Estamos intentando venderle al cliente correcto?

 

Pensemos en una empresa que comercializa fertilizantes para el agro. Para un agricultor que solamente busca el precio más bajo, probablemente sus productos sean demasiado caros.

 

Pero para otro agricultor que busca mejorar el rendimiento de su cultivo, reducir riesgos, tener su producto en tiempo y forma y obtener mayor rentabilidad, esos mismos productos pueden representar una excelente inversión.

 

El producto no cambió. Lo que cambió fueron las necesidades, las prioridades y la manera en que cada cliente percibe su valor.

 

Por supuesto, esto no significa que debas ignorar las críticas o asumir que tu propuesta siempre es extraordinaria.

 

También tienes que escuchar al mercado, mejorar y asegurarte de que realmente estás ofreciendo algo valioso.

 

Pero una cosa es mejorar tu propuesta y otra muy diferente es sacrificar aquello que te hace diferente para intentar agradarle a todo el mundo.

 

No necesitas ser para todos.

Uno de los errores más comunes en las ventas es, querer convencer a cualquier prospecto de que eres su mejor opción.

 

Incluso cuando sabes que solamente busca el precio más bajo. Incluso cuando no valora tu servicio. Incluso cuando sus necesidades no coinciden con lo que haces extraordinariamente bien.

 

Y en ese intento por conseguir la venta, terminas bajando precios, agregando beneficios y renunciando poco a poco a eso que te hace diferente.

 

La historia de Sixto Rodríguez nos recuerda algo importante. No necesitas que todo el mundo reconozca tu valor. Necesitas encontrar a quienes realmente lo aprecian.

 

Rodríguez no tuvo que cambiar su música para que miles de personas la valoraran. Su música necesitaba llegar a las personas correctas.

 

Y a lo mejor, eso también deberías recordarlo cuando un prospecto te dice que eres demasiado caro o que no encuentra nada especial en tu propuesta.

 

Porque no todos van a valorar lo que haces. No todos van a entender tu diferencial y no todos van a estar dispuestos a pagar por él.

 

Pero eso no significa que debas cambiar lo que eres para convencerlos. A veces, simplemente estás frente al público equivocado.

 

 

¡Muchas gracias por darte la vuelta!

 

 

Si no estás 100% convencido de tus resultados de ventas y/o quieres reducir la pérdida de clientes, échame un grito, porque me encantaría ayudarte.

 

 

Daniel Rodríguez de la Vega

TED Speaker, Mystery Shopper de por vida y Fundador de CRECES

 

daniel@crecesmx.com

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