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El momento exacto donde pierdes la venta... y no es el precio

El momento exacto donde pierdes la venta... y no es el precio


Hay un momento muy específico en una conversación de venta que define más de lo que crees.

 

No es cuando presentas tu propuesta. No es cuando explicas tu servicio. Es justo antes de decir el precio.

 

Ese segundo donde dudas. Donde suavizas. Donde sientes que “quizá es mucho”. Ese momento… se nota.

 

El cliente no reacciona al precio.

Muchos creen que el problema es el número.

·         “Está caro.”

·         “Se salió de presupuesto.”

·         “Lo voy a pensar.”

 

Y sí, a veces el precio influye, pero no de la forma en la que crees.

 

El cliente no reacciona únicamente al número. Reacciona también a cómo lo dices.

 

El precio no entra como dato… entra como emoción.

Imagínate dos escenarios. En el primero, dices: “Bueno… el costo es de 25 mil… pero podemos verlo…”

 

En el segundo: “La inversión es de 25 mil.”

 

Mismo número. Distinto impacto.

 

¿Por qué? Porque el precio no se percibe solo como una cifra. Se percibe como una señal y esa señal viene cargada de algo que no siempre notas: tu seguridad.

 

El “titubeo” que te cuesta ventas.

Hay formas muy sutiles de debilitar tu propio precio:

·         Acelerar la voz

·         Bajar el volumen

·         Agregar un “pero”

·         Justificar antes de tiempo

·         Sonreír incómodo

·         Mirar hacia otro lado

 

No necesitas decir “está caro”, porque tu comportamiento lo dice por ti y el cliente lo siente incluso antes de procesar el número.

 

Te pongo un ejemplo muy común.

Un consultor presenta su propuesta.

·         Explica bien.

·         El cliente está interesado.

·         Todo fluye.

 

Llega el momento del precio y dice: “La inversión es de 40 mil… pero podemos ajustar algo si es necesario.”

 

¿Qué pasó ahí? No negoció el cliente. Negoció él solo. Acaba de plantar una duda donde no había. Acaba de abrir una puerta que nadie había tocado.

 

El problema no es el precio.

Es la relación que tú tienes con él, porque si tú dudas, el cliente duda.

 

Si tú lo sientes caro, el cliente lo siente caro.

 

Si tú lo dices como algo incómodo, el cliente lo percibe como algo que debe cuestionar.

 

El precio no se defiende después, sino que se transmite desde el momento en que lo dices.

 

Entonces, ¿qué cambia todo?

No es memorizar una frase y tampoco es sonar “duro”, sino cambiar la forma en la que lo comunicas.

 

Decir el precio como lo que es: la siguiente parte lógica de la conversación.

·         Sin justificar.

·         Sin pedir permiso.

·         Sin suavizar.

 

Una idea que puede ayudarte.

No estás pidiendo que te paguen. Estás presentando una decisión y cuando lo ves así, tu postura cambia, porque ya no estás tratando de convencer, sino que estás mostrando lo que vale avanzar.

 

La próxima vez que digas tu precio…

Obsérvate.

·         ¿Te aceleras?

·         ¿Lo suavizas?

·         ¿Te justificas antes de tiempo?

 

Ahí está el punto, porque muchas veces, la venta no se pierde por el precio. Se pierde en ese pequeño instante de duda… justo antes de decirlo.

 

 

¡Muchas gracias por darte la vuelta!

 

 

Si no estás 100% convencido de tus resultados de ventas y/o quieres reducir la pérdida de clientes, échame un grito, porque me encantaría ayudarte.

 

 

Daniel Rodríguez de la Vega

TED Speaker, Mystery Shopper de por vida y Fundador de CRECES

 

daniel@crecesmx.com

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